martes, 6 de octubre de 2015

UNA FE DE VENTANA

Hoy estuve repasando Josué 6, me trepé por el muro y me metí en la casa de Rahab. Y allí me asomé a la ventana de Rahab junto a ella. Durante una semana su casa estuvo llena de familiares, cada comida debe haber parecido la última cena, pues la agenda con la información de lo que sucedería esa semana la poseía solo Josué y el pueblo. Cada día con los suyos mirando por la ventana preguntándose ¿será hoy? Mientras los demás están alrededor caminando, mientras ellos están del lado del Dios fuerte que es Dios en el cielo y en la tierra, Rahab y los suyos estaban en la línea de fuego, teniendo su corazón con el Dios de Israel, pero viviendo en el muro que sería derribado.
¿Cómo sucedería? Ella no lo sabía, y menos mal que no lo sabía, pues llegaría el momento donde todo se movería y estremecería, su experiencia debe haber sido como la de quienes estuvieron en los pisos inferiores de las torres gemelas. Todo se desmorona alrededor, pero su departamento está en pie. Los muros caerían y ella vivía en los muros, ¡eso es fe! No podía hacer nada más que mirar y esperar. No debía bajar, ni debía subir, no debía salir, sino estar adentro y esperar.
La fe de Rahab era una fe de ventana. Allí de la ventana había descolgado a los espías, allí seguía el cordón grana, allí se asomaba para vislumbrar la salvación. ¿Estás en una situación que puedes llamar “fe de ventana”?
¡Como nos gustaría estar en conocimiento de lo que sucederá en nuestras vidas, cuando la fe es de ventana! ¿Porqué esperar? ¿Porqué seguir inactivo? ¿Por qué encerrados? ¿Qué hacen ellos dando vueltas? ¿Por qué una semana? ¿Cuándo será, como será, quien vendrá? Pero el día llegó y fueron liberados con mano poderosa.

H.A.G.